Krishna somete a la serpiente Kalia

Krishna solía ir con sus compañeros y amigos a la ribera del río Yamuna, y cuidaba a las vacas. Un día mientras estaban en el campo, los niños y las vacas sintieron mucha sed y tomaron del agua del Yamuna, sin saber que éste estaba envenenado por la gran serpiente Kalia.

De repente, todos los que tomaron agua del río cayeron al suelo muertos. Entonces Krishna, al ver esta situación, lanzó su misericordiosa mirada sobre ellos y todos volvieron a la vida.

Krishna se dio cuenta que toda el área estaba contaminada y emanaba un vapor venenoso. Al ver esto se subió a un gran árbol y saltó a la mitad del lago. Mientras Krishna nadaba como un elefante grande y poderoso, hizo un sonido estruendoso que la gran serpiente negra pudo oír.

De inmediato Kalia se presentó ante Krishna, y pesar de reconocer los bellos rasgos del dios, sintió gran ira dentro de su corazón y lo atrapó con la intención de matarlo. Mientras esto ocurría, se manifestaron malos presagios: la tierra tembló, del cielo caían meteoritos y los cuerpos de los hombres temblaban.

Durante dos horas Krishna permaneció como un niño atrapado en los anillos de Kalia, pero cuando vio que todos los habitantes del lugar —incluyendo a su madre y a su padre— estaban a punto de morir, y que no tenían ningún refugio para salvarse, se liberó y comenzó a expandir su cuerpo.

Kalia se encolerizó, sus grandes cabezas se expandieron, exhaló vapores venenosos por su nariz, sus ojos se inflamaron como el fuego y de su boca salieron llamas. Krishna inmediatamente se abalanzó sobre  la serpiente y ésta buscó una oportunidad para morderlo, pero el dios se movió rápidamente alrededor de ella.

La serpiente gradualmente se cansó. Entonces Krishna saltó sobre las múltiples cabezas y comenzó a danzar sobre ellas. En ese instante comenzaron a llover flores, y los ciudadanos tocaron tambores, distintos tipos de flautas, y cantaron diferentes oraciones y canciones.

Kalia trató de empujarlo hacia abajo, pero Krishna controló todas las cabezas y comenzó a golpearlas violentamente con sus pies de loto. Esto fue más que lo que la serpiente podía soportar. Gradualmente la serpiente fue reducida a luchar por su propia vida y vomitó toda clase de desechos.

Kalia entonces comenzó entonces a vomitar sangre en lugar de veneno y todo su cuerpo parecía estar roto por las patadas. Dentro de su mente, sin embargo, comenzó a comprender que Krishna era la Suprema Personalidad de Dios, y comenzó a rendirse a Él. Comprendió plenamente que Krishna era el Señor Supremo, el amo de todo.

Las esposas de la serpiente vieron que Kalia estaba siendo dominado por las patadas del Señor y se rindieron ante él. Le rogaron que la perdonara y no la matara. Krishna entonces liberó a la serpiente de su castigo y cuando ésta recuperó la conciencia, inmediatamente comenzó a orarle y a pedirle perdón.

Después de oír esto las súplicas, la Suprema Personalidad de Dios le ordenó a la serpiente: “Debes dejar este lugar inmediatamente e irte al océano. Parte sin demora. Puedes llevar contigo a toda tu progenie, tus esposas y todo lo que poseas. No contamines las aguas del Yamuna. Deja que mis vacas y los pastorcillos de vacas las beban sin obstáculo”. El Señor declaró entonces que la orden dada a la serpiente Kalia debería ser recitada y oída por todos, para que nadie tuviera que temerle a Kalia nunca más.